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EL MURO DE LOS FRANCESES DE ALPANDEIRE, UN SINGULAR VESTIGIO DEL PASADO

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EL MURO DE LOS FRANCESES DE ALPANDEIRE, UN SINGULAR VESTIGIO DEL PASADO

El Valle del Genal conserva multitud de vestigios de tiempos pasados que dan muestra de su gran riqueza histórica y patrimonial y también de su importancia en distintas contiendas dada su privilegiada situación geográfica, ya que es el punto de acceso natural desde el Estrecho de Gibraltar hacia el interior de Andalucía y viceversa.
     Gaspar Mena, maestro jubilado, ha explicado que Alpandeire participó de manera activa en la Guerra de la Independencia contra los franceses, tanto es así que multitud de sus habitantes se alistaron a la Junta de Defensa Nacional y, además, el municipio aportó 12.024 reales y 593 fanegas de trigo para apoyar a las tropas españolas en los enfrentamientos.
     El maestro ha relatado que en 1810, cuando una gran ofensiva francesa avanzaba firmemente hacia Alpandeire, el general español Francisco Javier de Abadía ordenó al alcalde del pueblo construir un gran muro de piedra seca de 1.680 varas de longitud (unos 1.400 metros) con el fin de cortar el paso de la caballería francesa hacia el municipio y, por consiguiente, hacia el Campo de Gibraltar. Actualmente aún se conserva parte de la gran trinchera en la zona conocida como el “Puente de las Albarradas”, nombre que hace referencia al “muro de los franceses”.
     Continuando con el relato histórico, Mena ha comentado que las tropas francesas consiguieron sobrepasar la barrera de piedra y dirigirse hacia Alpandeire a través del monte del Cuervo. Ante la alarmante situación y con la intención de evitar una masacre, el alcalde de la localidad, Antonio Tomás Cortés, decidió rendirse y agasajar al general francés. Ello motivó el enfado de Abadía, quien tildó al regidor de afrancesado y le impuso una fuerte sanción.
     Con su astuta actuación, Antonio Tomás Cortés evitó la destrucción del pueblo y muchas muertes, lo que fue reconocido por el propio monarca español Fernando VII otorgando a Alpandeire el 30 de octubre de 1814 el título de Noble y Fidelísima Villa, como consta en su escudo. Al mismo tiempo, el rey ordenó colocar en la localidad una horca y una picota, símbolos de la jurisdicción propia, conservándose hoy en día la picota en las afueras del casco urbano.
     Gaspar Mena ha querido concluir su explicación histórica haciendo una especial mención al desaparecido D. Diego Vázquez Otero, maestro de Alpandeire en los años 20 y 30 que tuvo la oportunidad de acceder a los archivos municipales antes de que fueran destruidos durante la Guerra Civil Española, dejando testimonio de las historias que en ellos se plasmaban.