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ALPANDEIRE DA A CONOCER SU PICOTA, OBSEQUIO DEL REY FERNANDO VII

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ALPANDEIRE DA A CONOCER SU PICOTA, OBSEQUIO DEL REY FERNANDO VII

La localidad de Alpandeire conserva en su casco urbano y en su término municipal multitud de vestigios históricos a través de los cuales se conoce gran parte del interesante pasado del pueblo y su entorno. Dólmenes, antiguos muros defensivos o restos de asentamientos son sólo algunos ejemplos del rico patrimonio histórico de Alpandeire. En este sentido Gaspar Mena, maestro jubilado y vecino del municipio, ha explicado la curiosa historia de la picota, un elemento situado a las afueras del pueblo que fue construido hace unos 200 años.

Para comenzar, es necesario partir de que una picota es una columna de piedra en la que antiguamente se mostraba a los reos o, incluso, después de ser ajusticiados por la autoridad civil, se exponían en ellas sus cuerpos o sus cabezas. Pero, según ha narrado Gaspar Mena, en la picota de Alpandeire nunca se ajustició a nadie.

La mayoría de las picotas datan de los siglos XVI y XVII (aunque ya en el siglo XIII, en Las Partidas de Alfonso X aparece legislada la pena de exhibición en picota) y su uso fue generalizado hasta 1812, cuando las Cortes de Cádiz decidieron suprimirlas como herramienta de castigo.

En el caso de Alpandeire, su picota es considerada un monumento conmemorativo que el Rey Fernando VII otorgó a la localidad en reconocimiento a la gran defensa que esta llevó a cabo durante la Guerra de la Independencia, contienda en la que también colaboró tanto económicamente como con la aportación de soldados. Debido a ello, Fernando VII concedió a Alpandeire el título de “Muy noble y fidelísima villa” y ordenó colocar en el pueblo horca y picota. La horca, ya desaparecida, se ubicaba a uno de los lados del camino de Ronda, en la finca El Canal, y la picota aún se conserva a unos 500 metros del casco urbano, en una zona conocida como la “Era del Pozuelo”. El documento en el que se daba testimonio de todo lo explicado anteriormente fue firmado por Fernando VII el 30 de octubre de 1814 y se guardó en el Ayuntamiento de Alpandeire hasta la Guerra Civil, cuando desapareció.

En la picota de Alpandeire no se ajustició a nadie precisamente porque esta columna de piedra fue colocada en 1814, poco más de dos años después de que las Cortes de Cádiz prohibiesen su uso como método de castigo y/o ejecución.